
Cada vez que nos miramos ... Rostro contra rostro ... Con la cabeza apoyada sobre la almohada, no puedo evitar posar la mirada sobre cada una de las curvas que dibujan tu cara ... Somos tan diferentes ... Tu rostro arábigo me hipnotiza, me atrae mis negras y dilatadas pupilas, que gozan maravilladas de cada surco, cada agujero, cada lunar, cada trozo de piel, cada pelo ...
Compruebo si es real lo que veo y acaricio los alborotados rizos que coronan tu cabeza, negros como el ébano, y dejo que mis dedos se pierdan entre ellos, como una selva negra que debora todo lo que entra en ella ...
Puedo sentir tu calor corporal chocando contra mi gélido aliento, y me parece ver por el rabillo del ojo un sol hiriente, que son con mirarlo te puede dañar los ojos ... También siento el viento, un viento seco y que corta la piel, pero que deja un agradable toque cálido sobre las mejillas ... Las pequeñas particulas de la arena del desierto se meten en cada uno de mis orificio corporales, violando mi espiritu, adormecido por la dulce nada de tu respirar ...
Si eso fuera la muerte, no me importaría morir tan dulcemente y tan lentamente como hacen mis párpados sobre mis ojos, que poco a poco, hacen desaparecer tu imagen tras su caída sutil, como el telón de un gran teatro cuya obra tiene que acabar ...
Fin...